Circunloquiábamos en inglés sobre el sistema económico, sobre Estados Unidos, un país que él conoce y yo no, cuando empezó a criticar la forma en que trabajan los bancos en Estados Unidos y en Inglaterra y en otros países de Europa como Francia e Italia, quizá España no (dijo para evitar ofenderme).
–Por qué te dan 20.000 y te piden 30.000? y si no se los das a tiempo no te dan más? O te piden 40.000 si te prolongan el plazo?- Se preguntaba retóricamente de forma un poco naif. Y me sorprendía su crítica cuando hacía un momento me había dicho que pedía 7.000 libras al mes (casi 1.000 euros, inalcanzable en Egipto) por un piso que había subido mucho gracias a la inauguración de un gran centro comercial en la zona.
Me dijo que eso, la usura, estaba prohibido por el islam. Que no está permitido en su religión, que si aquí prestan y no lo pueden devolver, hay que esperar y no pasa nada. Pero la usura está prohibida, el islam pide cooperación. Y claro, no me pude contener. Entonces, por qué les estáis subiendo los precios de los alimentos y la vivienda a los iraquíes, que venden todo lo que tienen en Bagdad o Basora por cuatro duros y se refugian aquí, y ven derretirse los ahorros de su vida mientras no encuentran ninguna oportunidad y los egipcios se aprovechan de la situación. Por qué no cooperáis con ellos. Por qué clamáis contra Estados Unidos y Europa mientras les pegáis el sablazo a los iraquíes. Qué hacéis por ellos.
-Es el mercado-, me respondió, -la ley de la oferta y la demanda-.




