El argumento del niño del minifundio me gustó: estás en las antípodas de la veracidad, así que puedes mantener el nombre del blog en honor de la mentira. Y así seguirá. A pesar de haber regresado a Europa, donde estoy en las antípodas de las antípodas y la mentira no se manifiesta tanto.
Y en Europa celebré, precisamente, el aniversario que conmemora el nacimiento de este engendro de bitácora, cargado de chascarrillos y humor fácil sobre un país difícil (de aguantar). Precisamente en su capital, en mi Bruselas. Allí reuní a dos compañeros (y sin embargo amigos) de viaje a Australia, un compañéro (y sin embargo amigo) de carrera y dos ex-compañeras (y sin embargo amigas) de sufrimientos en el mayor engendro periódistico que ha dado el Opus: AE.
En torno a un pato a la Kriek comentamos las últimas novedades de la vieja Europa, donde sabemos diferenciar lo real de lo virtual, una frontera que el márketing diluye más allá del Estrecho de Torres (Belén dixit).
Y de ahí el viaje continuó a España, el país outback en el que nací, rojo y enladrillado desde el cielo (¿Quién lo desenladrillará?) Donde acabó la persecución que Australia nos hizo a lo largo y ancho del Benelux, sea en forma de canción (Downunder) en la radio holandesa, en forma de video sobre Sydney en una pantalla de una agencia de viajes cualquiera en un barrio (no rojo) cualquiera de Amsterdam, en forma de cadena de helados o en forma de koala de peluche en el pasillo del avión de Ryan-air.
Ahora me reencuentro con ese mecanismo de lo cotidiano que es la rutina y la saludo en algunas caras que tenía borrosas, en algunos rincones imborrables y en sabores y olores inolvidables.
martes, octubre 09, 2007
viernes, septiembre 28, 2007
Oceania mon amour
Mais oui, abandono oceanía en unas horas y todas las cosas increibles que en ella he vivido y sobre todo las personas que he conocido, tanto en Australia como en Nueva Zelanda, Fiji y Samoa. Ahora me dedicaré durante las largas horas que me quedan de regreso a Europa a pensar qué hago con el blog (al tiempo que muerdo insaciablemente los mofletes de Susana). Acepto propuestas. Quizá la decisión ya esté tomada.
martes, septiembre 25, 2007
Flavours of the world
Mejor título imposible para un curso de cocina. Incluso en Australia, a pesar de su escaso bagaje culinario, sonaba apetecible. Y Erika, Laura y yo caímos en la trampa. Mal como forma de mejorar nuestros conocimientos culinarios, pero fue irrepetible como estudio antropológico. Las anécdotas se aturullan en mi mente y esculpen ese "simplicity funerals spirit" tan difícil de explicar.
Un ejemplo máximo de lo que fue el curso son los Vaclavas que hicimos en la clase dedicada al Middle East. La profesora decidió que Turquía era Middle East y no Mediterranean. La geografía fue anecdótica en este curso, esto es lo de menos, pero doy otro ejemplo: a la cocina italiana la llamó "Tuscany" sólo porque una película ha puesto de moda esa región. Pero resultaba difícil saber qué tiene la pasta fresca, el pesto, la pasta al horno y las peras al chantilly de toscano que no tenga de calabrés, siciliano o lombardo. La asociación geografía/cocina autóctona resultó del todo engañosa durante las ocho sesiones.
Pero volvamos a los vaclavas, o quizá Mcvaclavas. Los hicimos con pasta filo y un mix de frutos secos en diez minutos e hicieron a Dennis, un turco de la clase, poner el grito en el cielo. Los vaclavas, que en Turquía tardan horas en preparar, habían sido convertidos por la profesora en toda una declaración de intenciones: no estábamos en un curso de cocinas del mundo, sino de comida rápida disfrazada de cosmopolitismo. En otra ocasión bautizó a un guiso de arroz con tropezones varios torpemente sabroso (vease bacon, espetec y especias varias) como "the same concept as spanish paella". El yuyu estaba servido.
Por si estos ejemplos no son ilustrativos, sigamos el rastro del dinero, como dijo Garganta Profunda. En una de sus explicaciones previas a la deglutición de la faena, se enorgulleció de estar dándonos de comer a 20 personas por menos de 5 dólares por cabeza (3 euros). Haría milagros en Darfur, pero con el curso debió de engordar bien la buchaca y demostró ser mejor aprendiz de Solchaga que de Adriá. ¿Iría su sueldo a comisión?
And last, but not least, la actitud de los compañeros de merienda. Algunas se negaban a cocinar pescado para no mancharse las manos. Algún otro hubo que se erigió en Jamie Oliver (versión angloparlante de Arguiñano) del curso y no dejaba a los compañeros que metieran mano en sus fogones. Cuestión de ego. Finalmente, el fenómeno de la votación. En Australia cuando te preguntan "¿a qué te dedicas?" te están preguntando realmente "¿en qué compites?". Y claro, el país con mejor ratio de medallas por habitante en las olimpiadas tiene que tener también aspirantes a medallista gastronómico. Nos los encontramos a todos: La pregunta más repetida a la hora de la cena común era, ¿cuál ha sido el mejor plato? A ver quién se apunta la de oro.
En fin, como siempre, un muy buen márketing, pero más allá de su humo, la cutre nada.
Un ejemplo máximo de lo que fue el curso son los Vaclavas que hicimos en la clase dedicada al Middle East. La profesora decidió que Turquía era Middle East y no Mediterranean. La geografía fue anecdótica en este curso, esto es lo de menos, pero doy otro ejemplo: a la cocina italiana la llamó "Tuscany" sólo porque una película ha puesto de moda esa región. Pero resultaba difícil saber qué tiene la pasta fresca, el pesto, la pasta al horno y las peras al chantilly de toscano que no tenga de calabrés, siciliano o lombardo. La asociación geografía/cocina autóctona resultó del todo engañosa durante las ocho sesiones.
Pero volvamos a los vaclavas, o quizá Mcvaclavas. Los hicimos con pasta filo y un mix de frutos secos en diez minutos e hicieron a Dennis, un turco de la clase, poner el grito en el cielo. Los vaclavas, que en Turquía tardan horas en preparar, habían sido convertidos por la profesora en toda una declaración de intenciones: no estábamos en un curso de cocinas del mundo, sino de comida rápida disfrazada de cosmopolitismo. En otra ocasión bautizó a un guiso de arroz con tropezones varios torpemente sabroso (vease bacon, espetec y especias varias) como "the same concept as spanish paella". El yuyu estaba servido.
Por si estos ejemplos no son ilustrativos, sigamos el rastro del dinero, como dijo Garganta Profunda. En una de sus explicaciones previas a la deglutición de la faena, se enorgulleció de estar dándonos de comer a 20 personas por menos de 5 dólares por cabeza (3 euros). Haría milagros en Darfur, pero con el curso debió de engordar bien la buchaca y demostró ser mejor aprendiz de Solchaga que de Adriá. ¿Iría su sueldo a comisión?
And last, but not least, la actitud de los compañeros de merienda. Algunas se negaban a cocinar pescado para no mancharse las manos. Algún otro hubo que se erigió en Jamie Oliver (versión angloparlante de Arguiñano) del curso y no dejaba a los compañeros que metieran mano en sus fogones. Cuestión de ego. Finalmente, el fenómeno de la votación. En Australia cuando te preguntan "¿a qué te dedicas?" te están preguntando realmente "¿en qué compites?". Y claro, el país con mejor ratio de medallas por habitante en las olimpiadas tiene que tener también aspirantes a medallista gastronómico. Nos los encontramos a todos: La pregunta más repetida a la hora de la cena común era, ¿cuál ha sido el mejor plato? A ver quién se apunta la de oro.
En fin, como siempre, un muy buen márketing, pero más allá de su humo, la cutre nada.
domingo, septiembre 23, 2007
La otra

La otra es elegante, sofisticada, fría y torrida al mismo tiempo, antigua y nueva al mismo tiempo, cambiante al mismo tiempo, feminísima. Organizada, con clase. Mira al resto con suficiencia, sabe que todo pasa por ella, que nada pasa sin ella. No tiene el descaro y la pujanza de ésta. No le hace falta. Mira al mar con melancolía porque está totalmente en la tierra, aunque se baña en agua dulce. Sus formas son más coherentes. Ella es la otra, ideal para un engaño de temporada o casi para toda la vida. Melbourne es la Australia que me hubiera gustado y la Europa que añoro.
APEC
Cerraron el aeropuerto, vallaron el centro, acordonaron el hotel, sobrevolaron la ciudad, vigilaron cada centímetro de tierra, agua y aire para comprobar que el emperador, el nerón del siglo XXI, el gurú de la seguridad y pirómano de la política internacional, estaba seguro. Interrumpieron la vida de más de cuatro millones de habitantes durante casi una semana para organizar una cumbre en la que los próceres del mundo decidieron, poco más o menos, que la contaminación es mala, aja, que hay que ser buenos, aja, y que hay que reducir las emisiones malas de aquí a nosécuantos años, aja, aja. Y la pregunta es...¿para qué coño quieren Canberra? Es una ciudad pequeña en mitad de un bosque de eucaliptos, con distancias inmensas, con cuatro habitantes, hecha para ser la sede neutral de un gobierno por el que debían de dejar de luchar Melbourne y Sydney. Un sitio ideal para organizar una cumbre de tales magnitudes sin molestar a casi nadie. Pero prefirieron interrumpir la vida de tanta gente durante casi una semana y demostrar lo bien que vigilan una ciudad tan grande. Y sin embargo, un par de plumillas disfrazados de bin ladenes se metieron hasta la cocina. Casi tocan al calígula tarado y a su séquito paranoide de matones guardaespaldas y ambulancias importadas para la ocasión. Y Australia hizo el ridículo. Simplicity Funerals.
viernes, septiembre 14, 2007
Messi ficha por el Córdoba CF

El jugador argentino Leo Messi ha confirmado que la próxima temporada jugará en el Córdoba CF. Messi, perteneciente a la plantilla del Barça, confirmó su traspaso a la entidad blanquiverde mientras se encontraba concentrado con su selección en Australia, donde la albiceleste disputó un partido amistoso contra la selección local. El equipo andaluz está preparando su retorno a la máxima categoría del fútbol español para la próxima temporada con la incorporación del astro argentino y de otros jugadores de gran categoría cuyos fichajes aún no han sido confirmados. "Estaba dudoso entre el proyecto del Córdoba y el del Celta de Vigo, pero finalmente opté por fichar por el equipo blanquiverde", afirmó Messi, quien espera ganarse el corazón de la afición andaluza tan pronto como aterrice en Córdoba. Otros jugadores que podrían estar en la órbita del equipo cordobesista son Pepe, Oubiña, Torres y Sneijder.
jueves, agosto 30, 2007
Half an hour
“Semejante gilipollez sólo se puede dar en Australia”, sentenció Laura nada más bajar del avión. Al llegar al albergue de Adelaida, la gilipollez se mostraba con orgullo. En la pared, varios relojes iguales mostraban diversos husos horarios. Sobre cada reloj, el nombre de una
ciudad: Nueva York, Londres, Nueva Delhi, Tel-Aviv, Tokio, Buenos Aires...la manecilla de la hora hacía sospechar la lejanía en kilómetros, el minutero las hacía a todas iguales. A todas no: Adelaida, capital del estado de Australia del Sur, tiene media hora de diferencia con respecto a Sydney y Melbourne, su minutero es distinto al del resto del mundo. En un país angustiado por su falta de identidad y necesitado de distinguirse en lo más mínimo por su enfermizo afán competitivo, la más mínima nimiedad puede ser causa de orgullo. En la arrinconada Adelaida, asfixiada por la preponderancia de la europea Melbourne, la arrogancia de nuevo rico de Sydney y la inminencia de Perth y Brisbane, media hora puede no ser nada, pero han convertido el minutero en un clavo ardiendo.
sábado, agosto 25, 2007
martes, agosto 21, 2007
Sueños
I. En mis noches de insomnio, cuando giro horizontalmente en mi cama sobre mi eje vertical, como la rotación de un planeta perdido enfundado en sábanas, esta imagen gira igual, horizontamente, dentro de mi cerebro. Estas dos palabras de neón recorren mis neuronas de una en una mientras me tapo hasta la cabeza para poder aislarme de todo, del todo. Simplicity funerals. Al principio fue una imagen curiosa. Luego inquietante. Ahora, casi al final, reveladora: es la imagen que mejor sintetiza la australianidad.
II. A pesar de ello, me quedo dormido y sueño. El neón se evapora y el sopor del sueño se hace primero con mis ojos. REM. Luego con el resto de mi cuerpo. Entonces sueño. Hace años leí un libro que se convirtió en un sueño para mí: "Entrevista con la Historia", de Oriana Fallaci. Veinticinco entrevistas entre finales de los 60 y principios de los 70 a algunas de las principales figuras políticas de la época. Veinticinco entrevistas para entender el mundo. Mientras lo leía, soñaba con hacer algún día algo parecido. Versión española, versión masculina, versión nuevo siglo. Al final, cuando me quedo dormido, sueño. Últimamente sueño que entrevisto a figuras políticas de mi tiempo: Fidel Castro, Felipe González, Jacques Chirac, Benedicto XVI desfilan oníricamente ante mis preguntas. Y entonces, los sueños sueños son.
III. A pesar de ello, muchas veces he soñado con guerras y otras muchas con países lejanos. En mis sueños he estado en Uruguay y Costa Rica, en Chechenia, Bosnia y Afganistán. Y en muchas córdobas tiroteadas. Últimamente viene a mis sueños un país que son guerras y lejanías: Papúa Nueva Guinea. Cuando vine a Australia pensé en Papúa. Mas cerca imposible. Pes es peligrosa y cara. Me voy de Australia sin pisar Papúa. Pero si no voy a Papúa, Papúa viene a mí. Viene a mis sueños algunas noches. Y entonces yo la viajo. Y los sueños, sueños son.
lunes, agosto 20, 2007
Mardi Gras (III y IV)
Bolas de sushi y Palusami
El tiempo me transportó, en apenas un mes con la intensidad de años, de la inmensidad de cristal, tan urbana, de Tokio a la indefensión de barro de Apia. De la educación
milimétrica del japonés a la simpatía primitiva del samoano. De la racionalidad botánica de Kioto al indoma
ble fulgor verde de Laloumalu. De la elaboración culinaria mundialmente famosa del sushi a la exquisitez de subsistencia del palusami. Para sus paladares y mochilas, propongo ese ejercicio de esquizofrenia gastronómica: viajar a la vez al país del sol naciente y a una pequeña isla del Pacífico.
Bastan dos tazas de arroz para dar los primeros pasos. Es necesario lavarlo en agua fría para eliminar el almidón. El siguiente paso es ponerlo a cocer con dos tazas y media de agua y un trozo de alga kelp. Ocho minutos de fuego alto, cinco bajo y diez de reposo bastarán para empezar a reducir la distancia física y cultural con Japón. En un cazo se calientan cinco cucharadas soperas de vinagre de arroz, con dos de azúcar y dos pequeñas de sal. Una vez que hierve, se añade al arroz y se mezcla bien para que absorba la mezcla, que ayudará al arroz a quedar bien pegado, como si los granos viajaran en hora punta en el metro hacia Shunjoku. Poco después podemos jugar con la mezcla.
Un sushi simple nos lleva a cortar muy fino un trozo de salmón o de atún (salmón ahumado para fulleros), ponerlo en un trozo de plástico de cocina como fondo al que se a
ñade una cucharada de arroz. Si se oprime el plástico queda una bola perfecta de sushi. Antes de añadir el arroz se puede añadir un poco de wasabi, esa sustancia picante como venida de otro planeta, clara prueba de que puede existir la vida alienígena. El sushi está listo, Japón, que huele a pescado, a arroz y a sustancias inexplicables, está más cerca.
Al mismo tiempo, el paladar nos puede llevar a otro lugar: Una isla verdísima en mitad del Pacífico, habitada por menos personas de las que atraviesan en dos horas el cruce de Shibuya. Para llegar a ella basta con realizar la misión imposible de encontrar hoja de taro. Es un tubérculo parecido a la patata cuya hoja se aprovecha en los fogones samoanos. Como producto alternativo se pueden utilizar espinacas grandes.

También es necesario, indispensable, para realizar el viaje un poco de leche de coco. Hay que ordenar las hojas de taro o las espinacas por tamaño, situando sobre la menor unas finas rodajas de cebolla y tomate, sal y leche de coco. Posteriormente habrá que cerrar las hojas, asegurándose de que no quedan huecos por donde escape el relleno. Debe cerrarse después con hilo de cocina, y el resultado en papel de cocina o de platina. Todo ello se hará al horno durante 40 minutos.
El resul
tado será una especie de pasta ideal para untar sobre taro asado partido en dos trozos, o sobre patata asada. La mezcla de ambas recetas planteará profundos dilemas culturales a nuestro estómago, a nuestras papilas, a nuestro pensamiento.
Desde Tokio a Apia, continuidad de edificios milenarios y de cocoteros, frondosidades indomables de seres humanos y de árboles tropicales, miradas perdidas de seres solitarios y calores familiares en casas de barro de una habitación, trenes voladores y caminos de tierra, olores de pescado y coco en su paladar.
El tiempo me transportó, en apenas un mes con la intensidad de años, de la inmensidad de cristal, tan urbana, de Tokio a la indefensión de barro de Apia. De la educación
milimétrica del japonés a la simpatía primitiva del samoano. De la racionalidad botánica de Kioto al indoma
ble fulgor verde de Laloumalu. De la elaboración culinaria mundialmente famosa del sushi a la exquisitez de subsistencia del palusami. Para sus paladares y mochilas, propongo ese ejercicio de esquizofrenia gastronómica: viajar a la vez al país del sol naciente y a una pequeña isla del Pacífico.Bastan dos tazas de arroz para dar los primeros pasos. Es necesario lavarlo en agua fría para eliminar el almidón. El siguiente paso es ponerlo a cocer con dos tazas y media de agua y un trozo de alga kelp. Ocho minutos de fuego alto, cinco bajo y diez de reposo bastarán para empezar a reducir la distancia física y cultural con Japón. En un cazo se calientan cinco cucharadas soperas de vinagre de arroz, con dos de azúcar y dos pequeñas de sal. Una vez que hierve, se añade al arroz y se mezcla bien para que absorba la mezcla, que ayudará al arroz a quedar bien pegado, como si los granos viajaran en hora punta en el metro hacia Shunjoku. Poco después podemos jugar con la mezcla.

Un sushi simple nos lleva a cortar muy fino un trozo de salmón o de atún (salmón ahumado para fulleros), ponerlo en un trozo de plástico de cocina como fondo al que se a
ñade una cucharada de arroz. Si se oprime el plástico queda una bola perfecta de sushi. Antes de añadir el arroz se puede añadir un poco de wasabi, esa sustancia picante como venida de otro planeta, clara prueba de que puede existir la vida alienígena. El sushi está listo, Japón, que huele a pescado, a arroz y a sustancias inexplicables, está más cerca.Al mismo tiempo, el paladar nos puede llevar a otro lugar: Una isla verdísima en mitad del Pacífico, habitada por menos personas de las que atraviesan en dos horas el cruce de Shibuya. Para llegar a ella basta con realizar la misión imposible de encontrar hoja de taro. Es un tubérculo parecido a la patata cuya hoja se aprovecha en los fogones samoanos. Como producto alternativo se pueden utilizar espinacas grandes.

También es necesario, indispensable, para realizar el viaje un poco de leche de coco. Hay que ordenar las hojas de taro o las espinacas por tamaño, situando sobre la menor unas finas rodajas de cebolla y tomate, sal y leche de coco. Posteriormente habrá que cerrar las hojas, asegurándose de que no quedan huecos por donde escape el relleno. Debe cerrarse después con hilo de cocina, y el resultado en papel de cocina o de platina. Todo ello se hará al horno durante 40 minutos.
El resul
tado será una especie de pasta ideal para untar sobre taro asado partido en dos trozos, o sobre patata asada. La mezcla de ambas recetas planteará profundos dilemas culturales a nuestro estómago, a nuestras papilas, a nuestro pensamiento.Desde Tokio a Apia, continuidad de edificios milenarios y de cocoteros, frondosidades indomables de seres humanos y de árboles tropicales, miradas perdidas de seres solitarios y calores familiares en casas de barro de una habitación, trenes voladores y caminos de tierra, olores de pescado y coco en su paladar.
jueves, agosto 02, 2007
Pasar chocolate
"Bajarse al moro", ¿se acuerdan? Ir a Marruecos, comprar unas bellotas de chocolate (hachis) por cuatro duros, tragarlas o metarlas en el ano, pasar la frontera, cagarlas y venderlas en España por mucho más dinero. Negocio hecho, arriesgado pero hecho.
Así más o menos me sentí yo ayer. Me explico. Samoa es un país productor de cacao, y por tanto es fácil encontrar productos derivados como las habas de cacao y la manteca de cacao. Se puede pagar por estos productos cantidades irrisorias, mientras que en los mercados occidentales se consideran productos gourmet y están al alcance de muy pocos.
Como saben, soy un chocoadicto. En Samoa encontré mi paraíso y compré un par de trozos de manteca de cacao de unos 100 gramos por menos de un euro, así como habas de cacao. El problema era pasarlo por aduanas en Australia. Como buenos anglosajones, y más tirando a yankees que a ingleses, son paranoides, extremos en el celo, inflexibles y poco dados al raciocinio. Consideran que algún producto natural puede dañar a su ecosistema (nadie ha hecho más daño al ecosistema australiano que los propios anglosajones: Verbigracia, los conejos). Así que pasé un momento de apuro ayer en aduanas.
Evidentemente, el chocolate no estaba en mi ano, sino en mi maleta. Por suerte, encontré a un agente de aduanas que estaba pasando de todo y me permitió poner en riesgo la naturaleza australiana. Ahora tengo 200 gramos de manteca de cacao en mi poder, y sé cómo utilizarlo.
Así más o menos me sentí yo ayer. Me explico. Samoa es un país productor de cacao, y por tanto es fácil encontrar productos derivados como las habas de cacao y la manteca de cacao. Se puede pagar por estos productos cantidades irrisorias, mientras que en los mercados occidentales se consideran productos gourmet y están al alcance de muy pocos.
Como saben, soy un chocoadicto. En Samoa encontré mi paraíso y compré un par de trozos de manteca de cacao de unos 100 gramos por menos de un euro, así como habas de cacao. El problema era pasarlo por aduanas en Australia. Como buenos anglosajones, y más tirando a yankees que a ingleses, son paranoides, extremos en el celo, inflexibles y poco dados al raciocinio. Consideran que algún producto natural puede dañar a su ecosistema (nadie ha hecho más daño al ecosistema australiano que los propios anglosajones: Verbigracia, los conejos). Así que pasé un momento de apuro ayer en aduanas.
Evidentemente, el chocolate no estaba en mi ano, sino en mi maleta. Por suerte, encontré a un agente de aduanas que estaba pasando de todo y me permitió poner en riesgo la naturaleza australiana. Ahora tengo 200 gramos de manteca de cacao en mi poder, y sé cómo utilizarlo.
sábado, julio 28, 2007
Fotos
Tenia una gripe de caballo. Tanto era asi que tuve que retrasar el vuelo a Samoa tres dias para poder recuperarme. Los ultimos dos dias los pase en casa de Laura. Ella se iba a Espanha y me dejaba su casa para recuperarme y huir de mi companhero de habitacion, que se sufria otra gripe en fase terminal. Si escapaba de su lado escapaba tambien de una espiral de contaminaciones viricas. Prepare todo en el ultimo momento. En el aeropuerto, antes de embarcar, me llamo Susana. -Lo llevas todo? -Si. -Llevas la camara?. -Mierda.
Se me olvido la camara. O mejor dicho, la traigo, pero sin bateria. (Una de risas enlatadas, camarero!). Pues si. No habra fotos de Samoa. Bueno, podria comprar aqui una camara de usar y tirar, pero he decidido que paso. Llamenme egoista visual, pero todo esto se queda en mis pupilas, por si alguien se reencarna en ellas que tenga el monopolio (Alex, va por ti).
Pero les voy a contar algunas fotos que hubiera tomado:
Poca policia: Cogi un taxi al salir del hotel porque no llevaba a la primera entrevista. De repente, en el carril de enfrente, un monton de policias desfilaban con su pareo azul y su camisa de agentes del orden. Detras, otros tocaban instrumentos de banda musical de barrio. Y aun mas atras, un monton de coches desfilaban lenta y tranquilamente. Samoa no tiene ejercito y la policia no va armada. Esa hubiera sido una foto simpatiquisima para mostrar la calma de este pais.
Inflacion: El primer taxi que cogi en un momento de apuro me cobro 2 tala (1 tala= 0,26 euros...espero!) para ir al centro. El segundo 3 tala. El tercero 4 tala. Cuando regateas te bajan el precio, pero me siento como el Carrefour regateando con la tienda de la esquina. Claro que tambien me siento como un argentino en los 80, en plena hiperinflacion! Hubiera sacado el careto del taxista como diciendo "vale, dame 3 tala pero no me estreses".
Mangiare: Cuando empece a estudiar italiano, en la primera clase, la profesora nos pregunto que palabras sabiamos en Italiano. Tras Buona sera, come stai, sono spagnolo y cuatro paridas mas alguien dijo "mangiare", y la profesora dijo -asi me gusta, hablemos de las cosas importantes-. Pues si, hubiera sacado una foto del mercado con las comidas tipicas samoanas. En concreto el Palusami. Son hojas de Taro (tuberculo parecido a la patata tipico del Pacifico) con cebolla y leche de coco en el fondo. Estan cocinadas al vapor y...ni que decir tiene que esta buono da morire!
Topar con la Iglesia: Algo realmente sorprende en un pais de apenas 120.000 habitantes es la lucha por las almas que mantienen distintas iglesias. Aun si es un pais pacifico (en el doble sentido), tranquilo y estable, sus iglesias luchan por ver quien la tiene mas grande (la iglesia y la cola de feligreses) y no paran de construir templos. Parece Sevilla, hay una iglesia por cada tres habitantes. Metodistas, protestantes y catolicos no dan tregua, pero se llevan la palma los mormones, que han construido su vaticano a pocos kilometros de Apia (capital del pais).
Siembra vientos: Ayer llovia con exageracion, y lo dice un andaluz. Creo que ni Noe habia visto tanta agua. Los ciclones son uno de los grandes problemas de este pais, que cada cierto tiempo se ve obligado a reconstruir infraestructuras por culpa de los ciclones. La temporada de vientos llega en enero, pero ayer pensaba que tendria que construir una gondola para llegar al hotel.
Y nada mas por hoy. Desde Apia con amor. Yo he terminado mi trabajo y me piro a la playa a disfrutar de arenas blancas, aguas calidas, palmeras verdes y todos los demas manjares visuales que ofrezca a mis pupilas el Pacifico. Talofa!
Se me olvido la camara. O mejor dicho, la traigo, pero sin bateria. (Una de risas enlatadas, camarero!). Pues si. No habra fotos de Samoa. Bueno, podria comprar aqui una camara de usar y tirar, pero he decidido que paso. Llamenme egoista visual, pero todo esto se queda en mis pupilas, por si alguien se reencarna en ellas que tenga el monopolio (Alex, va por ti).
Pero les voy a contar algunas fotos que hubiera tomado:
Poca policia: Cogi un taxi al salir del hotel porque no llevaba a la primera entrevista. De repente, en el carril de enfrente, un monton de policias desfilaban con su pareo azul y su camisa de agentes del orden. Detras, otros tocaban instrumentos de banda musical de barrio. Y aun mas atras, un monton de coches desfilaban lenta y tranquilamente. Samoa no tiene ejercito y la policia no va armada. Esa hubiera sido una foto simpatiquisima para mostrar la calma de este pais.
Inflacion: El primer taxi que cogi en un momento de apuro me cobro 2 tala (1 tala= 0,26 euros...espero!) para ir al centro. El segundo 3 tala. El tercero 4 tala. Cuando regateas te bajan el precio, pero me siento como el Carrefour regateando con la tienda de la esquina. Claro que tambien me siento como un argentino en los 80, en plena hiperinflacion! Hubiera sacado el careto del taxista como diciendo "vale, dame 3 tala pero no me estreses".
Mangiare: Cuando empece a estudiar italiano, en la primera clase, la profesora nos pregunto que palabras sabiamos en Italiano. Tras Buona sera, come stai, sono spagnolo y cuatro paridas mas alguien dijo "mangiare", y la profesora dijo -asi me gusta, hablemos de las cosas importantes-. Pues si, hubiera sacado una foto del mercado con las comidas tipicas samoanas. En concreto el Palusami. Son hojas de Taro (tuberculo parecido a la patata tipico del Pacifico) con cebolla y leche de coco en el fondo. Estan cocinadas al vapor y...ni que decir tiene que esta buono da morire!
Topar con la Iglesia: Algo realmente sorprende en un pais de apenas 120.000 habitantes es la lucha por las almas que mantienen distintas iglesias. Aun si es un pais pacifico (en el doble sentido), tranquilo y estable, sus iglesias luchan por ver quien la tiene mas grande (la iglesia y la cola de feligreses) y no paran de construir templos. Parece Sevilla, hay una iglesia por cada tres habitantes. Metodistas, protestantes y catolicos no dan tregua, pero se llevan la palma los mormones, que han construido su vaticano a pocos kilometros de Apia (capital del pais).
Siembra vientos: Ayer llovia con exageracion, y lo dice un andaluz. Creo que ni Noe habia visto tanta agua. Los ciclones son uno de los grandes problemas de este pais, que cada cierto tiempo se ve obligado a reconstruir infraestructuras por culpa de los ciclones. La temporada de vientos llega en enero, pero ayer pensaba que tendria que construir una gondola para llegar al hotel.
Y nada mas por hoy. Desde Apia con amor. Yo he terminado mi trabajo y me piro a la playa a disfrutar de arenas blancas, aguas calidas, palmeras verdes y todos los demas manjares visuales que ofrezca a mis pupilas el Pacifico. Talofa!
domingo, julio 22, 2007
Volver a empezar
Hoy es 22 de julio. El día empezó a las 00.00, como cualquier otro, y poco después me fui a la cama. Dormí unas diez horas porque el cuerpo me lo pide después de cinco días cinco de gripe en los que he dormido muy poco. Me he levantado y he mirado el correo, el periódico y dentro de poco, tras escribir este post, desayunaré. He visto que España se dirime entre la muerte del todopoderoso Polanco y la viñeta censurada, en plan talibán, a El Jueves. Estoy en casa de Laura, ella está en España, y Adri y Carlos también están aquí. Ellos aún duermen. Cuando se levanten quizá vayamos a algún sitio. Tengo hasta las tres de la tarde. A esa hora Adri me llevará en coche al aeropuerto. A las 17,35 sale mi vuelo a Samoa. Volaré durante cinco horas y cuando llegue, por una cuestión de juego de husos horarios, volveré a empezar este cómodo y tranquilo 22 de julio. A pesar de que "sólo" hay 4.500 kilómetros de distancia entre Sydney y Apia, la capital de Samoa, el avión atraviesa la línea establecida internacionalmente como divisoria entre el comienzo del día y el final. Se encuentra en mitad del Pacífico. Del lado de allá, Samoa, que estará empezando de nuevo ese 22 de julio ya vivido por mí cuando, del lado de acá, el primer territorio que recibe el nuevo día, Vanuatu, estará entrando en el 23 de julio, con todo lo que nos traiga.
jueves, julio 19, 2007
Fama
-"Buscas la fama, pero la fama cuesta". Es una frase mítica de nuestra infancia. Sin embargo, a mí la fama me está viniendo casi sin querer. Si allá por marzo fui la portada de RDO, una revista que se encarta los domingos en las cabeceras de los Joly en toda Andalucía, lo de ahora va a ser mucho peor. El domingo paseé por Sydney junto a Lucía y Álvaro, reportera y cámara del programa "Andaluces por el Mundo". Preguntas sobre el país, sobre mi vida aquí y sobre la ciudad al mismo tiempo que nos encontrábamos frente a la Catedral, la Torre de Sydney, el Harbour Bridge, Circular Quay, el mercado chino y el pub The Australian. Lo peor de todo es que la fecha de emisión será en septiembre u octubre. Y no me haría ni puta gracia que lo emitieran cuando yo ya esté allí.
miércoles, julio 18, 2007
La serpiente
Érase un verano sin noticias. Érase un grupo de periodistas desesperados en la redacción. Érase un rumor: "se ha visto una serpiente en tal jardín". Érase que el rumor se hizo noticia por via de urgencia, sección escasez. Érase que nadie había visto la serpiente. Érase que el periódico hizo un seguimiento diario. Érase que el Ayuntamiento de aquella ciudad terminó levantando los jardines para tranquilizar a la población. Érase que los periodistas lo contaron después con orgullo y satisfacción. Érase que el jardín quedó erased.
Perdón por el silencio de las últimas semanas. Seguiremos informando.
Perdón por el silencio de las últimas semanas. Seguiremos informando.
jueves, junio 21, 2007
Dilema moral
Señores del jurado, me encuentro ante el siguiente dilema moral: Como saben, el nombre de este blog es Oceanía Directo. Está bien que lo que les cuento sólo lo cuente en diferido. Pero lo que resulta inaceptable es tener dos mentiras en un solo título. Por ende, en tanto en cuanto mañana me desplazaré a Asia para pasar los próximos diez días, se me plantean dos posibles opciones como solución: O dejar de escribir, o cambiar el nombre del blog. Como la segunda opción es inviable, dado que soy el primero en Google con diversas combinaciones de palabras en su buscador y ello supondría tirar por la borda muchas horas de creación express, no me queda sino despedirme de ustedes durante los próximos días. Sin embargo, como avance informativo anuncio que volveré con una crónica gastronómica de mi viaje a Japón en forma de receta.
Sayonara, babies.
Sayonara, babies.
Se va, se va, se fue
El invierno llega y ella ya no estará aquí. Será más invierno sin el calor de su palabra. Ella, que podría ser irónica hasta pidiendo la hora. Sarcástica hasta durmiendo. Se va a los puertos y Australia se queda sola. Perderá su poco sentido, habrá que irse yendo. Todo será más frío sin el calor de su risa de adolescente y sus pensamientos de mujer de muchos siglos. Australia se queda sin su absolución salvo milagro, pero habrá sido el blanco de muchos de sus mejores dardazos porque quizás hasta sus ronquidos tengan dobles sentidos. Y eso hay que agradecérselo a este país. Australia ha provocado el latigazo de su mirada y el carnaval de su risotada. No encontró la gran ola. No vino a buscarla. Encontró poco más en este continente de tierra roja y mucho, mucho humo. Pero nosotros la encontramos a ella, y eso hace que todo haya valido la pena. En el fondo, ella ha sido nuestra gran ola.
Pongamos que hablo...de Belén.
jueves, junio 14, 2007
Mardi Gras (II)
Beef Kovu
En su mochila y su estómago, dejen hueco para cruzar un abismo en el tiempo, en el espacio, y en la civilización. El tenedor debe de estar preparado para lo mismo: El viaje a través de la carne de ternera, la crema de coco, el tomate, la cebolla y el boniato nos lleva a Papúa Nueva Guinea. Sus ignotos peligros y territorios escondidos hacen que muchos gobiernos aconsejen no viajar a este país. Pero el paladar es libre. Un porcentaje desconocido de papuanos quizá prefiera cocinar otro tipo de carne bípeda. Nosotros elegiremos una pieza de unos 500 gramos de falda de ternera. Con un cuchillo de los que sería
n nuestro gran aliado en las selvas tropicales de Papúa, se debe de cortar la ternera en trozos de unos 2-3 centímetros. Una vez sazonada, se debe de mezclar con unas dos tazas de crema de coco para buscar el misterio de la dulzura del trópico. A esa ya inverosímil comunión de sabores y texturas se deben añadir las rodajas de un tomate mediano, los trozos pequeños de un boniato y una cebolla cortada muy fina. Es entonces cuando surge el abismo de la civilización para plantearnos dos opciones. Se pueden poner en un recipiente hojas de banana bien juntas sobre la que se incluirá la mezcla de todos los ingredientes, y se cerrarán con cuidado con hilo de cocina. La otra opción es hacerlo en papel de platina, igualmente bien cerrado. El negro de la carne, el rojo del tomate y el naranja del boniato, presentes en la bandera de Papúa, fusionarán sus tonalidades dentro de las hojas o la platina, que se incluirán dentro de un recipiente cerrado e
n cuyo fondo habremos vertido un vaso de agua. Todo ello irá al horno a 180 grados durante dos horas y media. Si vencemos a la impaciencia, el vapor de la humedad y el calor papuanos cocinarán los sabores de este plato en el horno. Papúa es el país con mayor riqueza lingüística del mundo, pero todos sus idiomas coincidirían onomatopéyicamente al expresar la delicia del beef kovu. Desde Port Moresby, selvas tropicales, islas desconocidas, especies olvidadas en su paladar.
En su mochila y su estómago, dejen hueco para cruzar un abismo en el tiempo, en el espacio, y en la civilización. El tenedor debe de estar preparado para lo mismo: El viaje a través de la carne de ternera, la crema de coco, el tomate, la cebolla y el boniato nos lleva a Papúa Nueva Guinea. Sus ignotos peligros y territorios escondidos hacen que muchos gobiernos aconsejen no viajar a este país. Pero el paladar es libre. Un porcentaje desconocido de papuanos quizá prefiera cocinar otro tipo de carne bípeda. Nosotros elegiremos una pieza de unos 500 gramos de falda de ternera. Con un cuchillo de los que sería
n nuestro gran aliado en las selvas tropicales de Papúa, se debe de cortar la ternera en trozos de unos 2-3 centímetros. Una vez sazonada, se debe de mezclar con unas dos tazas de crema de coco para buscar el misterio de la dulzura del trópico. A esa ya inverosímil comunión de sabores y texturas se deben añadir las rodajas de un tomate mediano, los trozos pequeños de un boniato y una cebolla cortada muy fina. Es entonces cuando surge el abismo de la civilización para plantearnos dos opciones. Se pueden poner en un recipiente hojas de banana bien juntas sobre la que se incluirá la mezcla de todos los ingredientes, y se cerrarán con cuidado con hilo de cocina. La otra opción es hacerlo en papel de platina, igualmente bien cerrado. El negro de la carne, el rojo del tomate y el naranja del boniato, presentes en la bandera de Papúa, fusionarán sus tonalidades dentro de las hojas o la platina, que se incluirán dentro de un recipiente cerrado e
n cuyo fondo habremos vertido un vaso de agua. Todo ello irá al horno a 180 grados durante dos horas y media. Si vencemos a la impaciencia, el vapor de la humedad y el calor papuanos cocinarán los sabores de este plato en el horno. Papúa es el país con mayor riqueza lingüística del mundo, pero todos sus idiomas coincidirían onomatopéyicamente al expresar la delicia del beef kovu. Desde Port Moresby, selvas tropicales, islas desconocidas, especies olvidadas en su paladar.viernes, junio 08, 2007
Propuesta de himno
Ante la polémica insistencia de las últimas semanas por parte de políticos y jerifaltes del deporte español de crear una letra que acompañe a la marcha de Granaderos, o Real, o Himno de España, Oceanía Directo toma posición. Así, OD propone una letra acorde a la música de esta marcha y a la situación actual de aquel lejano país. La letra resalta los valores más profundos de la nación y la presenta como una tierra de oportunidades donde puede haber una casa para todos (o incluso catorce), una tierra en constante transformación que se está construyendo continuamente. Un lugar donde las más altas cotas pueden ser alcanzadas, donde el cielo no es un límite.

Viva España,
alzad ladrillos
hijos de la especulación
que hay que construir.
Gloria a la patria que hizo surgir
junto al azul del mar palacios hasta el sol.
¡Triunfa España!
cementos y taladros
roncan al compás
del sueño marbellí.
Incéndialo todo en verano sin fin
que vamos a asfaltar hasta Portugal.
Viva España,
alzad paletas
en esta gran nación
sueño de un albañil.
Gloria a la patria que hizo surgir
junto al azul del mar palacios hasta el sol.
alzad ladrillos
hijos de la especulación
que hay que construir.
Gloria a la patria que hizo surgir
junto al azul del mar palacios hasta el sol.
¡Triunfa España!
cementos y taladros
roncan al compás
del sueño marbellí.
Incéndialo todo en verano sin fin
que vamos a asfaltar hasta Portugal.
Viva España,
alzad paletas
en esta gran nación
sueño de un albañil.
Gloria a la patria que hizo surgir
junto al azul del mar palacios hasta el sol.
jueves, mayo 31, 2007
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