martes, diciembre 19, 2006

Lucha Generacional



Los ojos alerta, el ceño fruncido, el gesto duro, impenetrable la mirada, leves gotas de sudor en las sienes, tensión máxima...ambos grupos se perciben con rivalidad, son concientes de la amenaza que representa el uno para el otro, de la necesidad de la aniquilación del rival para la supervivencia del grupo. El pistoletazo de salida desencadena una lucha sin cuartel por hacerse con el poder, con el control, con la superioridad, con la pervivencia grupal expresada en un canapé que echarse a la boca.

La escena es difícil de asimilar pero no obstante fácil de encontrar. En cualquier sarao que se organice en Australia para la comunidad española, becarios españoles expatriados y ancianos emigrantes jubilados rivalizan por hacerse con el preciado canapé. Preparan emboscadas al grupo rival, usan y abusan de sus armas secretas para vencer al otro: ora el descaro de la juventud, ora la sabiduría de la experiencia. Pugnan sin descanso por hacerse con el mayor número de canapés posible, por capitalizar la magra tortilla, por dominar el escaso queso manchego, por asaltar la viruta de jamón ibérico.

Las pretendidas identidades, realidades y especificidades nacionales saltan por los aires ante la evidencia de la españolidad más subconsciente y sin embargo profunda: el sex-appeal de la gratuidad, la atracción telúrica por lo que no se paga. El cónsul y el embajador asisten impertérritos al espectáculo mientras en su mirada se percibe una brizna de envidia por no poder participar en semejante disputa, sabedores de que los galones de su cargo les impiden unirse a semejante gozo carpetovetónico. Pero sus tripas palpitan igualmente.

Al otro de sus galones, la juventud mileurista y la ancianidad mal pensionada se regocijan en la lujuria del bocado subvencionado.

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